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A ERA DE LA POSVERDAD DESPIERTA LAS DUDAS SOBRE LA CREDIBILIDAD DE LOS MEDIOS EN INTERNET

Noticias - 03 Octubre 2018

Post truth fue, según el Diccionario Oxford, la palabra del año en 2016, concepto que tomó relevancia luego del triunfo de Donald Trump y las noticias que apelaban a la emocionalidad de los votantes sin importar su verdad, fenómeno que se repite día a día a través de las redes sociales y algunos medios digitales.

Mientras los incendios en todo el país estaban descontrolados, un grupo de mensajes se difundía con rapidez a través de redes sociales como Facebook o aplicaciones como Whatsapp: el anuncio de un apagón en toda la Región Metropolitana, como consecuencia de la quema de torres de alta tensión; la noticia de la captura de tres responsables del fuego, dos mapuches y un colombiano; las declaraciones de un comandante de Bomberos que afirmaba que no podían seguir combatiendo el fuego, por nombrar algunos.

Cada uno fue desmentido por los involucrados, pero para entonces, miles de personas habían hecho eco de informaciones sin fuente ni duda: lo que pesó fue su conexión emocional con ellas.

A ese fenómeno responde el concepto de post truth o posverdad, elegida como la palabra del año por el Diccionario Oxford, que “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

El concepto tomó protagonismo luego de las elecciones presidenciales estadounidenses y las votaciones sobre el Brexit en Reino Unido. Ambos procesos estuvieron marcados por informaciones que parecían verdad, sin serlo, que la gente tomó como ciertas y las replicó, especialmente porque sentían una conexión con ellas, es decir, era lo que querían leer. De hecho, uno de los autores de noticias falsas en el caso norteamericano, llegó a decir a los medios que Donald Trump había llegado a la presidencia gracias a él.

“La fuente en el caso de las noticias que circulan en redes sociales depende del contacto que te la envía. Si tú confías en ese contacto, la noticia te parece confiable”, explica Daniel Halpern, académico de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica. Según él, el criterio que los usuarios utilizan para creer una información se relaciona con quien la comparte y no con el origen de ésta, que pocas veces es verificado.

De hecho, un estudio desarrollado por la Universidad de Stanford muestra lo difícil que resulta hoy distinguir entre lo real y lo inventado en Internet. De acuerdo a la investigación, hasta el 90% de los estudiantes universitarios entrevistados en una de sus pruebas no logró darse cuenta de que lo que parecía un sitio de noticias era en realidad un portal desarrollado por un grupo de lobbistas.

“El fenómeno como tal no es parte de ningún tipo de conspiración, y puede que represente incluso una evolución natural debida a las características de las sociedades humanas, que tienden a la economía de los recursos y a centrarse en aquellas soluciones que ven más sencillas”, comenta Enrique Dans, académico de IE Business School en España, a través de su blog personal. “El paso de la simplificación al simplismo es enormemente sencillo y resbaladizo, y eso es algo que hemos visto en muchos medios anteriormente: la existencia y relativa popularidad de publicaciones sensacionalistas y tabloides en todos los formatos es buena prueba de ello. Y por supuesto, no se trata de censurar y prohibir a la gente que lea The Sun, Bild o medios similares si desean hacerlo. Se trata, simplemente, de que sepan lo que leen”.

“La gente se va a tener que empezar a acostumbrar a utilizar informaciones de medios que sean reconocidos como tradicionales y va a tener que empezar a verificar historias, y va a tener que entender que la información que viene de medios tradicionales es más probable que sea cierta”, agrega Halpern, quien reconoce que este tipo de situaciones acentúa la brecha de los medios digitales con la alta credibilidad de los formatos impresos, ya que, a su juicio, los primeros tienen una mayor cantidad de filtros para corroborar la información.

“Al mismo tiempo, la gente empieza a construir una reputación en redes sociales y en la medida en que sus propios contactos le digan que está publicando noticias que no son ciertas, va a empezar a generar más medidas de autocontrol”, señala.

Mientras tanto, portales como Facebook están tomando medidas para controlar la difusión de noticias falsas, modificando sus criterios de selección de tendencias. Por su parte, Google está restringiendo la publicación de anuncios en sitios de dudosa credibilidad. Y en paralelo, gobiernos como el de Alemania buscan la forma en que sus elecciones de este año no se vean afectadas por este tipo de informaciones, probablemente, a través de multas.

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